El oleaje

Me trajiste el mar, sus olas salvajes, su verde, su azul, su obscuridad y sus claroscuros.

Me trajiste el mar con sus toneladas de agua salada. El descanso de mi cuerpo en su amparo. Me trajiste las gotas salpicadas en mi poros, el sol reflejado en el rocío de sal sujetando mi cuerpo.

Me trajiste el mar a la casa, desbordado por las ventanas, surcando las puertas, despuntado la calma. Me trajiste el mar sereno y el mar salvaje, las olas que revientan contra la cama, agitando las sábanas, y el agua cautelosa que se evapora en la arena del sofá cuando leemos. Me trajiste las miles de partículas contenidas en el universo marino. El espacio, las posibilidades. Me trajiste hilvanadas una a una la suspensión salina para que allí me recostará.

La marea.

Me zambullí en ese océano. Mi cuerpo húmedo rozaba contra el fondo arenoso y salí a tomar aire sintiendo el calor de la luna brillando en mi cara. Me trajiste el mar. Sus corrientes, y sus costas, su profundidad inmensurable y sus bahías que abrazan.

Y me dejé abrazar. En el mar que me trajiste, me anudé al moño azul de tu regalo y me dejé ir en la corriente del flujo del mar hasta encallar en las olas que rompían en la comisura de tus labios.

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La antagonista